¿DoulOs? ¿Hombres doulas?







A pesar de haber sido una hija del patriarcado, siempre he tenido un aire de inconformismo que me ha conducido a continuas peleas con mi padre.  Me costaba aceptar su ordeno y mando, me rebelaba ante cualquier imposición que no me pareciera justa. Y tuvimos, muchas, muchas discusiones. No podía dejar pasar el hecho de que durante muchos años las mujeres habíamos estado sometidas a la autoridad del hombre. Y lo triste es que todavía hoy, es una situación que se manifiesta en muchos ámbitos de nuestra cotidianidad.

Recuerdo un hecho concreto que hizo saltar mi alarma, aunque algunos años después de haber sucedido. Es a partir de ese momento en el que tomo consciencia de todo el poder que tengo como mujer, de toda la fuerza que encierra mi alma.

Acudí a la consulta de un ginecólogo durante muchos años, el mismo que me atendió en mis tres partos.  Si bien yo no tengo una herida por cómo sucedieron los nacimientos de mis hijos, sí soy capaz de reconocer hasta qué punto fui objeto del abuso que se propiciaba a las mujeres embarazadas y, sobre todo, estando de parto, y que todavía hoy no ha cambiado tanto.
En aquellos momentos, el rasurado, el enema, la episiotomía y la oxitocina sintética era lo habitual. También el pentotal y el valium, de los que me libré al negociar con el ginecólogo: no quise que los utilizara conmigo.
Durante años, al referirme a él decía que era como si fuera mi padre"  textualmente, dándole un sentido de agradecimiento por todo lo que había hecho por mí. Y es curioso porque, desde mi inconsciencia, me rebelaba contra mi padre –y contra todos los hombres que él representaba- pero en cambio le había cedido mi fuerza a mi ginecólogo, hombre también.

Mucho tiempo después, ese espíritu feminista adormecido con el transcurso del tiempo, ha ido cobrando fuerza. Entiendo que los hombres y las mujeres tenemos nuestro lugar en la vida. Me cuesta aceptar que se vayan cediendo unos puestos en pos de los otros.

Es bien sabido -nos podemos remontar a estudios antropológicos- que el nacimiento ha sido cosa de mujeres. Ancestralmente, las mujeres se han rodeado de mujeres durante la crianza de sus hijos. En los partos, eran las mujeres expertas de la tribu quienes ejercían de parteras. En la Naturaleza, son las hembras mamíferas las que paren rodeadas de hembras o en solitario, son las hembras las que se encargan de cuidar a los cachorros de la manada… mientras los machos son cuidadores del grupo, en algunos casos suministradores de alimentos.

A partir de los años en 60, en EEUU  hubo un boom de médicos hombres que no tenían trabajo y descubrieron la obstetricia como hoy está establecida. (Obstar: oponerse. Obstare: ponerse enfrente, cerrar el paso).
Decidieron –ellos- que las mujeres parirían tumbadas en una cama, con las piernas levantadas y atadas, a la altura de sus ojos y estando ellos sentados para poder realizar bien su “trabajo”.

Desde entonces y desde la presión ejercida por las fuerzas de poder de los hombres en todos sus estamentos, está costando mucho que las mujeres levanten la voz diciendo qué es lo que quieren para ellas y para sus hijos. De qué forma quieren parir, de qué manera NECESITAN ser escuchadas y respetadas…  Por fortuna, la evidencia científica avala cada vez más estas necesidades de las mujeres.   Cada vez son más los estudios que demuestran que, cuanto menos intervenido es un parto, mejor se desarrolla.  Hablando siempre de mujeres con una situación de salud normal y sin patologías de riesgo.

Así, ha habido un resurgir en el protagonismo (muchos años delimitado)  de las matronas que son para mi entender,  las personas por excelencia para acompañar a la mujer en su proceso fisiológico de atender a un parto normal.
Pero la sociedad no facilita mucho las cosas, el sistema no se para en atender a una mujer de parto en todo el tiempo que necesita durante su proceso.  No es productivo. Programan los ingresos, inducen los partos, aceleran los nacimientos.  Y las mujeres se sienten en la mayoría de los casos,  violadas, solas y abandonadas, en muchas ocasiones incluso teniendo al lado a su pareja.

En los años 70 surge la Doula, a pesar de que esta figura de mujer había existido siempre.  En varios estudios se dieron cuenta de que una mujer de parto acompañada por OTRA MUJER  se sentía mucho mejor y facilitaba el proceso en todas sus partes.  Además de disminuir el número de intervenciones, de gasto farmacéutico, de cesáreas…

Y comienza en boom Doula en todo el mundo. En algunos países, las mujeres ya acuden a parir al hospital con su Doula.  En otros, incluso hay Doulas en el hospital para aquellas mujeres que no tienen y desean una.

Muchas Doulas han surgido como consecuencia de haber tenido una mala experiencia en sus partos. Otras, llegamos a esta profesión desde un estado de madurez y de estabilidad debido al transcurso de la vida.

Las mujeres que han sido acompañadas por Doulas en cualquier paso del proceso de maternidad (embarazo, parto, posparto, lactancia, crianza…) han demostrado un aumento de la confianza en ellas mismas. Porque tener al lado a UNA MUJER que se siente como amiga, hermana, compañera… que informa y que apoya, que empatiza, que comprende, que vive y que SIENTE cada momento, cada situación, aporta una serenidad y una toma de consciencia que supondrá un antes y un después en la vida de la mujer que deviene madre.

Y es que las mujeres necesitamos de tribus… de mujeres. Necesitamos potenciar esos círculos en los que desnudamos nuestra alma, en los que nos enriquecemos con la sabiduría y con las experiencias de nuestras hermanas. Círculos de mujeres en los que nadie nos dice cómo hemos de obrar, en los que nadie nos controla, en los que nadie nos hace callar. Y cuando digo nadie, me refiero a ningún hombre.

Los hombres y las mujeres somos complementarios, en algunos casos necesarios para completar la realización personal desde la pareja. Pero NO puedo aceptar que nos hagan creer que somos iguales.  Por estructura cerebral, por fisiología, por hormonas, por emociones...  Y al margen de la educación recibida, e incluso si la educación ha sido dada desde la igualdad, esas diferencias están ahí.  Son muchos siglos de evolución pero en lo básico, las diferencias permanecen.

Sin embargo, temo que desde la postura de todo está bien, desde la aceptación de las cosas per se, desde la pretendida igualdad de géneros sin cuestionamientos… llegamos a una especie de alineamiento, en el cual acatamos y no expresamos lo que realmente sentimos, en la mayoría de las ocasiones  por temor a ser juzgadas y a ser expulsadas de esa tribu. Y aceptamos de nuevo y de forma subliminal, la figura de un hombre-padre  como imprescindible en nuestro proceso de maternidad.    Y surgen las Doulas-hombre.

Y hasta aquí he llegado.  No conozco personalmente a ninguno, pero sí he podido verlo a través de Internet.  No les cuestiono como personas, ni cuestiono su intención de trabajo: si están ahí, es porque tienen su demanda, su clientela…

Y yo vuelvo atrás, vuelvo a ver la figura del hombre que desde su aparente papel conciliador está tomando protagonismo junto a unas mujeres que, seguramente han encontrado en ellos al padre que no tuvieron (metafóricamente hablando), al padre solícito que las escucha, que las atiende, que las mima y que las cuida…
Y me cuestiono hasta qué punto un hombre ACOMPAÑA a la mujer en esas emociones desbordadas durante un estado de vulnerabilidad como es el embarazo, de qué forma siente y empatiza con esa mujer que cuando está pariendo puede mostrar desde lo más recóndito de sus extrañas los ultrajes, los miedos y temores acumulados en los úteros de todas las mujeres que la han precedido. Me cuesta imaginar cómo una mujer, es capaz de desnudarse enteramente ante un hombre que no tiene todo esto integrado en su propio cuerpo, ni en su mente, y mucho menos en su alma.

Me gustaría saber qué va a pasar ahora con todos los estudios que demuestran el acompañamiento de una MUJER facilita el proceso del parto…

Escribo en mi blog, en mi espacio, y aún sabiendo que corro el riesgo de ser acribillada, creo que mi papel de “Pepito Grillo”  tiene su por qué, que alguien ha de hacer de abogado del diablo. Porque hasta ahora no he visto ninguna otra opinión al respecto que no sean loas y alabanzas.

Finalmente en sus elecciones, cada cual hará lo que crea... o lo que sepa.  Puedes pensar que ésta es una de mis paranoias… que continuo siendo la “rarita” del grupo.  Está bien, ya estoy acostumbrada










Comentarios

  1. Bravooooooo,no se puede decir mejor, me dejas sin palabras Concha, que bien dicho , y explicado, de rarita nada hija, no puede haber ni una sola mujer que no esté de acuerdo con lo expuesto, te repito, bravo, bravo y bravo,sigue manifestándote así de bien. Magda.

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    1. ¡Ja, ja! Magda, tú tienes esta vena reivindicativa feminista y por eso lo compartes, pero NO todas las mujeres sienten lo mismo. Para algunas, la igualdad en TODO es su bandera. Y para mí es algo que no debe suceder.
      En este tema... pues ya ves, si a veces entre mujeres no es fácil entenderse teniendo la misma estructura... ¡cómo narices se pretende que un hombre, por muy yin que sea nos comprenda en nuestras emociones básicas e instintiva...!
      Gracias por seguir por aquí.

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  2. mmmm
    no me gusta, no, lo siento, no me gusta nada
    y no digo que no los habrá super respetuosos y muy interesados y conscientes y deseosos de aprender, pero sinceramente, ¿les parece poco papel el que ya tienen que quieren más?
    Recuerdo que en mi pvdc no podía soportar que mi marido me tocara, pero confiaba totalmente en la ginecóloga y lo que hubiera dado por tener a mi abuela (ni un hombre, como ves)
    Admiro a mi marido y no querría a nadie más (ni hombre ni mujer) para sostenerme moralmente y darme aliento en la vida, para relevarme en determinadas horas de mi papel ¿eso lo ningunean? Y es cierto que hubiera preferido alguien que ha vivido en sus carnes un parto y embarazo que alguien que no, porque nos guste o no, lo vivimos diferente
    No es un juicio de valor, es una realidad vivirlo distinto, pero de veras, no me gusta que haya "doulos" (y prefiero una ginecóloga a un ginecólogo) Para todo lo demás, me da igual

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    1. Lo que comentas es bastante habitual, Esther, para muchas mujeres tener a sus parejas hombres al lado en el momento del parto es un estorbo más que un apoyo, pero NO se atreven a decírselo. Y al contrario también sucede.

      Los hombres tienen su papel en la vida, igual de importante, igual de necesario, pero cada cual en nuestro lugar.

      Entiendo que los hombres doulas habrán llegado hasta aquí por algún motivo, pero me cuesta creer que sea algo instintivo y vocacional. No desmerezco su persona, pero tampoco apruebo su puesto aquí. Y a veces es necesario hablar así de claro. Aunque no creas, las personas que se ha pronunciado sobre este tema lo ha hecho por privado ¿miedo a la represión masculino-patriarcal? Seguramente...
      Gracias por tus palabras, preciosa.

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  3. Hola, aunque vuestros comentarios son de hace 3 años quiero anotar mi punto de vista porque os leo y me gusta y no me gusta lo que dicen, me centraré en lo que me disgusta porque por lo demás soy mujer y estoy de acuerdo con vosotras, pero cuando hablamos del hombre como alguien "incapacitado para acompañar" por no sentir como nosotras me parece algo violento. Creo que como mujeres responsables de nuestra feminidad, maternidad, de saber hacer respetar con valentía nuestros derechos a la hora de un parto y en la vida; no podemos ignorar o hacer a un lado a alguien importante en éste proceso, que es el padre de nuestro hijo por ejemplo (no me dirijo a un ginecólogo) si no somos nosotras quienes involucramos con información, con vivencias, con participación al padre, ¿quien lo hará? ¿cuándo los hombres tendrán más empatía y respeto por nuestros partos? Yo no pretendo que mi marido sienta lo que yo, porque en definitiva sería algo imposible, pero su implicación me parece algo tan importante. Posiblemente muchas mujeres tienen la facilidad de contratar una doula, o tener a una mujer valiente y que apoye en esos momentos, pero os aseguro que muchisimas otras no cuentan con esa posibilidad, ¿que pasa con ellas? acaso no merecen un parto respetuoso, o por tener un hombre al lado están destinadas a experimentar probablemente un parto en condiciones violentas? Me preocupa mucho que las mujeres en vez de integrar al varón como ente importante en éste proceso, les estemos quitando valor (violentando, privando, que es como al fin y al cabo se llama). Gracias por el espacio.

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    1. Muchas gracias por tu comentario.

      Para nada es mi intención quitar a los hombres el espacio junto a sus mujeres siempre que ELLAS QUIERAN.

      En mi experiencia como doula te puedo decir que he visto de todo. Hombres que mientras su mujeres estaban en periodo de dilatación se han pasado el rato jugando con su teléfono. Hombres que han preferido bajarse al bar. Y hombres encantadores que se han implicado, apoyando y reforzando al menos físicamente a su compañera. En algunos casos, han sido hombres que no querían estar pero ellas sí querían y de algún modo se sintieron obligados.

      También te puedo decir que algún hombre luego de ver a su mujer parir, no ha podido retomar sus relaciones sexuales...

      Y es que es un tema mamífero, fisiológico. Los hombres producen testosterona cuando sienten estrés y ésta hormona es contraproducente para generar oxitocina.

      Comprendo y respeto tu punto de vista. Sin embargo creo que si las mujeres pudieran elegir abiertamente, no coaccionadas (moralmente) quizás nos llevaríamos una sorpresa.

      De nuevo, gracias por tu apartación.

      Un saludo.

      Concha
      Doula Certificada en Salud Mental Perinatal.

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